Una cena con amigos, una comida de negocios, una pizza improvisada un viernes por la noche: comer fuera forma parte de la vida. Y la buena noticia es que puede disfrutarlo sin dejar de lado sus objetivos. Basta con tener en cuenta unas pautas sencillas.
Muchas personas que cuidan su alimentación acaban rechazando invitaciones o, al contrario, consideran cada salida como un día «perdido». Ninguna de las dos cosas es necesaria. Una comida en un restaurante es solo una comida más: lo que cuenta es el equilibrio a lo largo de la semana, no la perfección en cada plato.
Por qué es más difícil de calcular
En un restaurante no se ve lo que ocurre en la cocina. Hay varias cosas que suelen disparar las calorías sin que nos demos cuenta:
- Las raciones, a menudo más generosas que en casa.
- Las grasas de cocción: mantequilla, aceite y nata, usadas sin medida para dar sabor.
- Las salsas y las guarniciones, que pueden pesar tanto como el plato principal.
- Los extras: pan, aperitivo, bebidas y pequeños entrantes de cortesía.
Nada de esto está prohibido. La idea es simplemente ser consciente de ello para elegir con conocimiento de causa.
Antes de ir
- Eche un vistazo a la carta en internet si es posible. Elegir con antelación y con calma evita decidir con el estómago vacío.
- No llegue con mucha hambre. Saltarse la comida anterior para «hacer hueco» suele llevar a comer más rápido y más de lo previsto.
- Deje un poco de margen en su día, con un desayuno y un almuerzo más ligeros, pero sin privarse.
Elegir bien en la carta
Algunas palabras del menú dan buenas pistas:
- A la parrilla, al vapor, asado, a la plancha: en general más ligeros que frito, rebozado, gratinado, a la crema.
- Pida la salsa aparte: usted decide la cantidad y sigue disfrutando del sabor.
- Cambie parte de las patatas fritas por verduras o una ensalada. La mayoría de los restaurantes lo aceptan sin problema.
- Un entrante y un principal, o un principal y un postre: dos platos suelen ser más que suficientes.
Durante la comida
- Coma despacio y disfrute de la conversación. La sensación de saciedad tarda un poco en llegar.
- El pan: tome un trozo si de verdad le apetece, en lugar de picar de la cesta por costumbre.
- En cuanto a las bebidas, alterne una copa de vino o una cerveza con agua.
- El postre se comparte muy bien. Un par de cucharadas suelen bastar para darse el gusto.
- No está obligado a terminarse el plato. Muchos restaurantes ofrecen llevarse las sobras.
Registrar su comida sin dedicarle toda la noche
Aquí es donde suele complicarse todo: ¿cómo se introduce en la aplicación un plato del que no se conoce ni la receta ni el peso? Muchas personas acaban por no registrar nada, y esa comida desaparece de su seguimiento.
La solución más sencilla: una foto del plato antes de empezar. Con el escaneo de platos de JYL Balance, los alimentos se reconocen y las raciones se estiman en pocos segundos. Usted lo revisa, ajusta si hace falta y guarda el móvil para disfrutar de la comida. Es discreto y mucho más rápido que buscar cada ingrediente.
Recuerde que, en un restaurante, una estimación razonable siempre es mejor que una comida olvidada. Lo importante no es la precisión al gramo, sino conservar una imagen fiel de su semana.
¿Y si se ha pasado?
Ocurre, y no pasa nada. Una comida abundante no hace engordar de un día para otro: si la báscula sube un poco al día siguiente, se debe sobre todo al agua y la sal, que desaparecen en unos días. No hace falta compensar pasando hambre. Simplemente retome sus hábitos en la siguiente comida y fíjese en el balance de la semana, no en una sola noche.
Lo esencial
- El restaurante tiene su lugar en un estilo de vida equilibrado.
- Mirar la carta con antelación y no llegar con mucha hambre facilitan las buenas elecciones.
- La salsa aparte, las verduras como guarnición y el postre compartido marcan una verdadera diferencia.
- Una foto del plato basta para mantener su seguimiento al día sin estropear el momento.
- Una comida más copiosa se equilibra de forma natural a lo largo de la semana, sin culpa.
